En nuestra era moderna, vivimos en el marco de las normas impuestas por la sociedad, las cuales, a su vez, fueron fomentadas y son operadas por y dentro de las normas de las religiones abrahámicas, los desarrollos tecnológicos y un sistema educativo construido en gran parte sobre los ambos. Hay gente religiosa quien practica los ordenes de su fe, como musulmanes orando cinco veces al día o un católico yendo a la iglesia el domingo. Hay gente que se identifica como no religiosa, también viviendo en el ambiente y medio rodeados por los dispositivos tecnológicos, mientras nunca activamente llevando una vida basada en principios religiosos. Hay mucha otra gente llevando vidas totalmente diferentes, entrometiendo en e interactuando con la religión y la tecnología en diversos grados según la necesidad y el entorno en que estén viviendo.
Hemos estado así siempre, sin embargo? Las religiones abrahámicas y la tecnología son fenómenos recientes en la historia de la humanidad cuando tenemos en cuenta el hecho de que Homo Sapiens tiene una aproximada historia de 300.000 años. Vivimos como cazadores-recolectores a lo largo de la mayor parte de nuestra historia. Nuestros primeros antepasados llevando vidas establecidas en pueblos y ciudades fueron mayormente paganos, adorando a dioses y diosas en sus panteones. Un monje azteca viviendo en Mesoamérica en el siglo XIII era dispuesto a ofrecer sacrificios a Huitzilopochtli mientras que un ciudadano de antigua Atenas creyó que Zeus fue el dios mas grande reinando sobre el mundo.
Para nuestros antepasados paganos, interactuar con la naturaleza era de suma importancia. Ellos se conectaron a lo divino y al cosmos a través de la naturaleza. Ellos interpretaron la tierra y el cielo en su propia manera. Observaron a los ciclos de las estaciones y los hechos celestiales, a los ríos y lagos, examinaron los comportamientos de los animales y las plantas y crearon una vida para si mismo basado en los criterios que inventaron tras todo esta cuidadosa observación y razonamiento.
En otras palabras, ellos estaban conectados a su propia naturaleza humana a través de todos los rituales que ellos crearon para si mismo como resultado de sus creencias paganas.
Qué, entonces, podría significar tener un espíritu pagano en nuestra era impulsada por la tecnología, llevando el legado fuerte de las religiones abrahámicas?
No mucho probablemente. Significa tener aquello espíritu y vivir según aquello, como es claro dentro de la expresión en sí. No tendría que llevar al cabo los rituales que los paganos solían hacer; no tendría que irse al bosque para observar a los animales y a las plantas; no tendría que girar alrededor de un montón de piedras rezando a espíritus que vivan en los áreas silvestres.
Para mí, tener un espíritu pagano significa tener un espíritu libre justamente como se supone que nuestros antepasados paganos tendrían. Significa no necesariamente ser obligado por las imposiciones por la vida moderna. Significa tener una mente sana, asertiva y ágil que podría usar para pensar por si mismo y para cuestionar las normas de la sociedad que se nos imponen desde temprana edad. Significa ser conectado a su espíritu humano puro en la manera de todo lo posible en un mundo, lo cual esta intentando a convertirle en cualquiera cosa excepto un humano. Si es una persona de acuerdo con estos principios y capaz de llevarlos al cabo en su vida cotidiana, creo que ya es una persona con espíritu pagano.
Si es un pagano en espíritu, no debería tener miedo de su propia humanidad. No debería ignorar sus emociones. No debería convertirle en un embaucador sin empatía para que subas las escaleras al “ éxito “ en su vida profesional a costa de aplastar otra gente. No debería perder el contacto con las emociones hermosas como amor, misericordia, cariño simplemente porque manifestarlos le mostraría débil e estúpido según cabe suponer. Sabe que es un humano y que tienes un espíritu hermoso que el orden social en que esta viviendo es programado a destruirlo día a día.
Soy alguien que intenta a alimentar este espíritu pagano día a día. Y ¿usted?
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